Saturday, January 13, 2007

Mis niñas


Estoy orgullosa de mis niñas. Desde que apenas fueron brote a la vida, cuidé con ternura mis dos flores gemelas. Al principio, con la ternura propia de la mejor madre primeriza, las miraba con asombro y arrobo, y les dedicaba la delicadeza que emanaban.
Con los años se conviritieron en mis niñas bonitas, no tanto como jóvenes de familia acomodada si no como adolescentes abiertas a la vida.
Estoy orgullosa de mis pechos. Yo los llamo "mis niñas".
Su grandeza no está tanto en su tamaño como en su capacidad infinita de sentir. Todos los hombres con los que experimenté también se sintieron
orgullosos de ellas, así como las mujeres, porque mis niñas son bisexuales, no conocen de géneros sólo de seres humanos con capacidad para transmitir.
Han conocido cien nombres: "amaneceres de leche" para Juan, "níveos pechos" para Carlos; nunca entendí más allá de la poesía estos adjetivos que aludían a la blancuras de mis senos, pues a mis niñas siempre les gustó solazarse con el sol, de ahí su tono verdino brillante. También han conocido otros nombres más vulgares que se me hacen difícil de recordar, o no tanto, simplemente que no harían justicia a mi regazo.
Hasta los treinta años no encontré un hombre que supiera tratarlas con la delectación que reclamaban. En cambio, bastó una sola mujer, Martha, para proporcionarlas el deleite que anhelaban - nadie conoce mejor el cuerpo de una mujer que otra mujer-.
Curiosamente, ahora que se muestran ligeramente más caídos por la edad, fascinan aún más por el poderío de su imagen, imagen de madurez, de presencia, de saber estar: sus pezones como luces al atardecer aparecen licenciosos, como navegantes que sin descanso buscan el placer.
Aitana A.

Sunday, December 03, 2006

Ese tipo insolente


"He bebido de todo cáliz de placer
y he saboreado toda copa de la fama;
sin embargo
¡me muero de sed! "
Lord Byron

Ese tipo insolente, descarado, irrespetuoso, que con la precisión de un reloj se aloja en mi mente empujándome a buscar refugio entre mis piernas.No sé de dónde saca fuerzas para tanta invitación al placer. En ocasiones, encarna aun tipo donjuanesco que derramas obre mi tierra todas su zalamería; otras, a un canalla irreverente que reclamas u parte del botín. Pero, últimamente, he de confesarlo, era yo la que le llamaba con más ímpetu, sentirme esa prostituta obediente, subordinada y rendida que aprendía a gozar con su señor de turno era mi determinación más placentera. En cambio ayer, colmó el vaso de mi libido, ese tipo llamado Orgasmo, se coló de rondón bajo mi edredón con una variante matutina y un presente: el sexo pelirrojo de Martha.

Friday, October 06, 2006

Sexo pelirrojo



Igual que el paisaje del amor pertenece al alma, mi sexo pertenece al gozo, ese amo que me crea una dependencia casi diaria que no conoce más límites que su propio impulso.

Los orgasmos se trenzan como una cadena a mi existencia y vivo para experimentar junto con hombres y mujeres es este placer líquido.

Mi último compañero amaba el sexo pelirrojo de su amante. ¡Canalla me hizo a su imagen y semejanza!

Tuesday, May 09, 2006

Sintiendo

Han pasado tantos días y tantas cosas desde mi último acercamiento. Todo el mundo me ve envuelta en una atmósfera de belleza y elegancia, hasta mis alumnos se han percatado que la poesía se ha hecho más presente en mi aula.
Los días que he pasado en Valenciennes con Martha han sido un torbellino de placer, nunca un espíritu ávido como el mío se vio tan colmado.
¡Eres hermosa! ¿Cuántas veces lo repetiría?, no tanto por el número cuanto por la rotundidad y profundidad con que emanaba de su boca...
La primera noche, cuando desperté, estaba pintándome, como había prometido...
La forma atrevida con que exteriorizaba el entusiasmo que yo le inspirara me hacía sumergirme en un refinado placer, interior, ensimismado, autocomplaciente...

Tuesday, February 28, 2006

Aitana Arregui

Perdón, creo que no había hecho las presentaciones, mi nombre es Aitana Arregui Collingwood, a día de hoy 28 de Febrero, tengo 37 años, y creí haberlo vivido todo....mas, la vida tiene estas sorpresas, y dado que mi estado es de efervescencia....les hago queridos lectores, partícipes y cómplices de mi felicidad....
Pensarán que mi nombre es poco común, es cierto....les explico, porque todos tienen una curiosa historia detrás. Aitana como mi madre, y como la hija de Alberti, sí Rafael Alberti, mi padre lo tomó de él, era un ferviente admirador de su poesía. Cuando Alberti abandonó España camino del exilio, su última visión fue el monte Aitana de Alicante, nombre que puso a la hija que esperaba su mujer.
Arregui, es el apellido de mi padre, familia originaria de Zarautz, donde mis padres crearon un pequeño negocio familiar, la librería ´Pío Baroja´.
Collingwood, es por mi madre, hija de James Collingwood. Mi abuelo, inglés de nacimiento y español por amor, perteneció a las Brigadas Internacionales, en cuyas filas sirvió a la causa republicana durante la Guerra Civil española, "incivil" como diría Alberti. Aquí conoció a mi abuela Josefa, "doña Pepita" la llamaban sus alumnos; era maestra de escuela en Ronda (Málaga). Y como no podía ser de otra manera, una servidora es profesora de Literatura Española en un Instituto de Secundaria de la periferia madrileña, pero....otro día les contaré más cosas.......

Wednesday, February 22, 2006

Carta de Martha

He recibido carta de Martha, manuscrita por supuesto (el correo electrónico es muy práctico, pero carece de la música necesaria), y con el aroma de su perfume, único, ella misma lo elabora:

"...soy una belleza imperfecta, a diferencia de ti, un carrusel de identidades que encuentra sosiego en tu ingenuidad".

"...quiero enseñarte el mundo, Aitana, navegar por el Egeo hasta la isla de Lesbos, y descubrir juntos a Safo; pasear por la Toscana y pintar sus paisajes..."

"..quiero, quiero...dedicarme a ti, ahora que hierve mi sangre por tus labios, y antes que la realidad edulcore mi percepción de ti, y a fuerza que lo hará, hay un final para todo.."

"..ma petite Aitana, ma petite Aitana, -me susurra en su lengua materna-, soy una privilegiada por poder acariciar tu piel".

Friday, February 03, 2006

RELATO ERÓTICO: " Violeta "

- ¿Sientes algún dolor? -El doctor Márquez se inclinó hacia ella y Violeta casi esperaba que le plasmara un beso en los labios como siempre hacía. Un largo y emocionado estremecimiento de placer recorrió su cuerpo.

Desde hace algún tiempo, en esos momentos de sensualidad íntima y solitaria, en esos lapsos en que me aplico a mi vicio solitario, sus manos aparecen de forma recurrente una y otra vez. Independientemente de su aspecto cuidado y lechoso, son unas manos diestras que me exploran con la deleitosa lentitud que ansiamos las mujeres.

- Puede levantarse y vestirse Violeta.
- ¿Eso es todo, doctor?
- Está usted estupendamente, no es preciso que vuelva a revisión hasta el año que viene.

Sus palabras me produjeron desazón, seguro que volvería a sus manos antes de la fecha prevista. El doctor Márquez es un hombre joven, cortés y esmerado en su trato, de una educación exquisita. Perder el pudor ante un médico así no resulta inquietante, sino todo lo contrario, ocurre como una gratificante ofrenda a sus sentidos.Siempre procuro alargar mis visitas para empaparme de instantáneas y situaciones con las que alimentar mi onanismo; imágenes que se suceden de forma continuada y hacen que mi libido sienta una descarga eléctrica.A veces, pienso que he perdido el sentido, que estoy obsesionada con ese hombre, pero siempre acabo diciéndome: ¡qué locura más deliciosa!

- Me alegro que todo vaya bien, a estas edades ya sabe, se oyen tantas cosas…
- No se preocupe Violeta, no es su caso.Me visto con infinita parsimonia, en el ánimo de que me dedique sus ojos, aunque sea de soslayo, pero su mirada se muestra infranqueable al deseo.
- Cómo me tranquilizan sus palabras
- Me alegro que así sea, sin duda.
- Hasta pronto, doctor Márquez
- Que le vaya bonito
- Igualmente

Cuando salgo de la consulta siento celos de cada una de las mujeres que aguardan en la sala de espera, desearía transformarme en ellas y volver al templo de mis sueños.Ardo en deseos de de llegar a casa y solazarme, mi ropa interior elegida con toda intención, ahora me produce alergia.Cierro la puerta de mi habitación y como un posesa me desprendo de mi lencería color violeta “doblemente Violeta”, no necesito más pábulos: como una hacendosa hormiga me dedico a los beneficios de mis caricias, al frote y refrote de mi epidermis húmeda con un espejismo que me ofrece los ingredientes necesarios para el éxtasis.Es entonces, cuando sueño que soy la única a la cual explora sin sus guantes de látex, y siento las yemas de sus dedos lechosos inundar mi piel.Su glorioso índice anida en mis labios, se empapa de savia y vuelve con destreza hasta el balcón de mi entrepierna, reposa, me mira con descaro, con un cierto aire de superioridad, y comienza un vaivén que me sumerge en mis instintos más primitivos.Su mano izquierda, ociosa, comienza su particular singladura, experta en distancias cortas, da cuenta de mis pechos. A estas alturas mis pezones son palmeras cimbreantes dispuestas para la escalada de sus dedos pulgar e índice. Me dejo hacer, soy una gacela a solas con mi placer. Me vuelve, y una palmada sobre mi nalga es la señal para mis labios, ahora es su dedo corazón el que quiere anidar en mis labios y bañarse con mi saliva, para deslizarse por mi espalda y emprender rumbo hacia una playa virgen, siento aterrizar su dedo sobre el musgo bronceado de mi culo, circunvalando en ambos sentidos y llamar a mi puerta con el baldón de su lengua aterciopelada. ¡Adelante mi amor! Traspasa la frontera y hazme gozar, perfuma mi culo de tu perversión.Los movimientos lentos y cadenciosos de su dedo acicalan mi culito para el clímax, en tanto, el anular y el índice hacen pinza sobre mi clítoris, despertando su apetito.

- ¿Sientes algún dolor?
-El doctor Márquez se inclinó hacia ella y Violeta casi esperaba que le plasmara un beso en los labios como siempre hacía. Un largo y emocionado estremecimiento de placer recorrió su cuerpo.Con la pericia de un artesano preparó mi cuerpo para el orgasmo, hacia tiempo que había aprendido a canalizar su placer a través del mío.

Aitana Arregui